HAGO DOS COMIDAS: LA DEL NIÑO Y LA NUESTRA

Por fin me paseo por estos lares con un tema de nutrición infantil, confieso que es mi área de la nutrición y la dietética favorita, la razón la desconozco, porque si hay un colectivo que se pasea poco por las consultas de dietistas-nutricionistas es el de los niños.

Como es lo propio para unos padres, su prioridad son sus retoños, y es por ello que no dudan en acudir al médico cuando están enfermos, al dentista si tienen un diente torcido o a un logopeda si no saben pronunciar la “R”. Lo que ya no es tan común es llevarles a un nutricionista cuando el niño no come bien (en unos párrafos hablamos de lo que es comer bien), como mucho acuden al médico para que le infunda con su carrera de medicina las ganas de comer. En post anteriores ya he dicho, que cuando se observa en niño cualquier problema de salud o anomalía en su crecimiento es el médico quien ha de revisarlo, pero una vez descartada cualquier enfermedad, en cuestiones de alimentación y nutrición el profesional correspondiente es el dietista- nutricionista.

…Bueno a lo que vamos que me lío.

Hace unos días se emitió en Cuatro el programa “Planeta Calleja”, en él, la presentadora/ humorista Eva Hache y el aventurero Jesús Calleja departían sobre la alimentación del hijo de esta (podéis encontrar el vídeo en la web del programa). Siendo ella un rostro conocido, sus palabras han tenido mayor difusión que si de cualquier experto en la materia hubieran surgido, en ellas hace un alegato a favor de la lactancia materna y de una alimentación natural para los niños, lejos de las fórmulas “súper completas” que nos propone la industria.

No puedo estar más de acuerdo, es en la infancia cuando el patrón alimentario de un niño se fija, y por tanto es en los primeros meses y años de vida cuando debe de ponerse especial atención a la educación nutricional que se le está dando, ya que es posible, que años después sea demasiado tarde para cambiar según que prácticas que, durante años se han ido consintiendo, premiando, o alentando.

Pero todo esto es muy abstracto, ¿a que me refiero con: prácticas consentidas, educación nutricional, patrón alimentario…? Asumo el riesgo de tener un pelotón de madres y abuelas en contra, pero las cosas cambian y la sociedad ha de evolucionar con los cambios. Hace unas cuantas décadas tener un niño “gordito” se relacionaba con un estado de salud óptimo (en una situación en la que no estarlo, muchas veces implicaba, estar pasando hambre),  ya no somos tan rústicos, ahora nos echamos las manos a la cabeza hablando de obesidad y sobrepeso infantil; hasta aquí, puedo decir que algo hemos aprendido. Pero sigue habiendo otros rasgos tatuados en nuestra forma de pensar que ya deberían de considerarse obsoletos. El hecho de que un niño coma bien o no, es un aspecto cualitativo, no cuantitativo; es muy importante que entendamos que un niño mal comedor no lo es porque come poca cantidad de comida, slo es porque come poca variedad de alimentos, o rechaza algún grupo de estos; por lo mismo un niño que come bien, no lo es por comer mucha cantidad sino por demostrar apetencia por todos los tipos de alimentos. Vaya por delante que para los niños, como para todas las personas, puede haber algún alimento en concreto que rechace, pero debe de tratarse de excepciones, y de un alimento en concreto, no el grupo al completo, es decir, puede no gustarle la lechuga, pero no negarse a comer todas las verduras.

Los peces no tienen forma de barrita
Los peces no tienen forma de barrita

Si esta situación de alimentación poco variada se consiente en el tiempo, nos podemos encontrar con adultos de 20 años que no comen las verduras o el pescado (generalmente los que peor parados salen de esta situación), o no han visto nunca un plato de espinacas enteras, ya que, sí con suerte, las ha probado, han sido en puré. Los niños (y muchos adultos) deben de acostumbrarse a los alimentos, a su forma y a sus sabor sin disfraces ni transformaciones para que dejen de ser lo que son, no se pueden comer siempre las verduras en puré, con bechamel, rebozadas, etc, tienen que sentarse delante de un plato de brócoli con color a brócoli, sabor a brócoli y forma de brócoli. El pescado tampoco sale del mar en forma de barrita o de pescado sin espinas, por supuesto que los padres han de cerciorarse de que el plato de sus hijos no quedan espinas, pero deben de saber que al principio las tenía y como se han quitado. Esto no quiere decir que no hagamos la comida atractiva a los niños, también deben de conocer la variedad de preparaciones y no siempre ha de estar cocinada de la misma forma.

Algunos productos para niños tienen más azúcar que la cantidad recomendada para todo el día
Algunos productos para niños tienen más azúcar que la cantidad recomendada para todo el día

Mención a parte tienen los productos denominados infantiles que diseñan (si, esa es la palabra diseño) para ellos. Para los nutricionistas pasearnos por estos pasillos o leer un etiquetado nutricional de un producto de estos puede hacernos temblar (encabezando la lista de temblores están las galletas, los zumos, las papillas y un largo etc.). He llegado a oír, quien al preguntar cuantos días a la semana comen sus hijos verdura, contabiliza como una ración, las espirales de colores de una conocida marca de pastas, por estar hechos “con verdura”. Yo sabía que la publicidad nos manipulaba, pero no era consciente de hasta que punto juegan con la alimentación de los pequeños para convencer a los padres de que su producto es lo mejor para el crecimiento de los niños.

Los niños deben de comer en la mesa de sus padres y a la misma hora, siento si resulto incomoda pero es así ¿cómo van a saber ellos limpiar un lenguado si nunca se lo han visto hacer a esa especie de héroe de sus vidas que es su padre o su madre? Cuando vamos a una celebración ofrecen para los niños un menú infantil ¿se supone que de forma categórica a los más pequeños les gusta más un plato de croquetas, calamares, jamón y unas chuletillas que la comida que piden los adultos?

Otra forma de implicarles en su propia alimentación es hacerles participar de forma activa en la compra y preparación de las comidas. Ya sé que con la tarea y las actividades extra-escolares el tiempo libre es para que disfruten, pero por extraño que parezca, supone una forma más de disfrutar con ellos.

¿Debo de obligar a mi hijo a comer?

Además de que nunca debería de haberse llegado a ese punto, ellos son pequeños pero no tontos y simplemente hay niños que necesitan comer menos cantidad o que su gasto energético no es tan alto como el de otros niños. Y sobre insistir en que tomen un determinado alimento, abandona, cuando se trata de un hecho aislado no tiene sentido, seguro que tú también tienes aversión por uno o dos, ahora bien, si se trata de un grupo completo, ahí si que sobreviene el problema. Lógicamente no te vas a sentar a debatir con un pequeño de 4 años sobre las bondades de la fibra, pero quizás si que habría hecho falta esa conversación con el adulto unos años antes de haber sido padre.

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