¿SON LOS PERIODOS DE AYUNO LA MEJOR FORMA DE PERDER PESO?

Probablemente muchos compañeros de profesión compartan conmigo la sensación de tener más que oídos los siguientes argumentos en sus consultas: “si lo que hay que comer yo ya lo sé” y el clásico “menos plato y más zapato”.

Para la primera la mejor defensa es aquello que ya os he dicho en alguna ocasión: nunca antes se había creído saber tanto de nutrición, y nunca antes, ha habido tantos problemas relacionados con la misma. Para el segundo: ¿y si lo que hay que cambiar no es sólo el tamaño del plato, si no más bien el contenido?

Relacionado con ambos argumentos, aparece la moda del ayuno dietético como sistema para bajar de peso. No me refiero al ayuno que responde a la definición de: manera de mortificación por precepto eclesiástico o por devoción, sino a un método, más que extendido para la purificación del organismo, no en un sentido espiritual, como vendría a corresponder en la definición de la RAE, sino en un sentido más biológico relacionado con acumulación de toxinas y/o como sistema de compensación de excesos.

Por peligroso que parezca, para escribiros hoy, me he asomado por un montón de revistas (en su mayoría de nombres cursis destinadas a la formación de un patrón de mujer super-ideal) y he visto un montón de dietas de esta variante, en la que las modalidades son diversas: la ingesta de un sólo tipo de alimento, de sólo líquido y otras que no dejan ingerir nada, en periodos cortos, más largos o intermitentes, todas con la promesa de un resultado rápido. Ojo, que no digo yo, que no sea un método eficaz si se casa tu prima y vas a ponerte el vestido de hace 5 bodas y te das cuenta de que no entras en él, pero de ahí a que cualquier curandero de la nutrición se atreva a hablar sobre ello… va un mundo. Algunas de las mejores perlas encontradas han sido: “cuando comiences a sentir dolor es hora de cesar el ayuno” (sin comentarios); “todo el mundo puede ayunar excepto niños, embarazadas, enfermos de corazón o renales” (todo un detalle la aclaración, ¿y para los enfermos de verborrea?; o  “la mejor manera de cuidarte sin renunciar a los placeres de la vida” no sé yo para estos, pero para mí comer en sí mismo ya es un placer de la vida, y si no me dejas hacerlo en todo un día, lo siguiente que me como es a quien me lo ha sugerido.

Balance energético
Balance energético

Para explicar el balance energético utilizaremos el típico símil de la balanza, donde en un eje situamos lo ingerido y en el opuesto las necesidades. La obesidad es una enfermedad multifactorial, pero de una forma rápida y demasiado escueta se originaría en un disbalance entre lo ingerido y las necesidades. En el caso del ayuno dietético se pretende justamente lo contrario, es decir, inclinar la balanza del otro lado, para finalmente dejar equilibrados los dos ejes.

Amen de los riesgos para la salud que esta práctica puede implicar si se hace de forma prolongada (me niego a decir sin control, ya que ningún facultativo de la nutrición que se precie debería prescribirlo), está, el hecho de que no es una práctica que para nada ayude a una educación nutricional a largo plazo, y por tanto, en el momento de dejar de hacerlo, de no modificar los hábitos anteriores la situación de sobrepeso/ obesidad, no mejorará, incluso se agravará. Otro riesgo implícito es el de transmitir el mensaje de que: basta con no comer un día, para compensar los excesos de otro, graso error: si un día has ingerido unos nutrientes en demasía que no te “hacían falta”, el día que decides que es hora de compensar, no eres tú el que elige tu combustible, por lo que probablemente lo que estabas dispuesto a gastar, difiera y mucho de lo que tu cuerpo ha decidido dar salida.

Entre las características metabólicas de esta práctica, destacan, que de alargarse en el tiempo, puede tener lugar una bajada del gasto energético, ya que al ingerir cada vez menos calorías, el cuerpo acaba “aprendiendo”, hasta el punto de llegar a ser totalmente ineficaz, por que el organismo lleva a cabo un fenómeno de ahorro. Esta situación es costosa de revertir, ya que este tipo de dietas suelen destruir masa magra (la más activa metabólicamente hablando) perdiendo visualmente peso, pero no mejorando la situación de sobrepeso/ obesidad por exceso de grasa. Y por tanto al volver a una ingesta normal el peso se recupera.

Entre los beneficios que proclaman quienes defienden esté hábito están: la prevención del cáncer, del alzheimer o de las enfermedades cardiovasculares. Otros lo defienden como un sistema de purgar el organismo de las toxinas acumuladas, sin estudios veraces de que estas se encuentren campando a sus anchas y a su vez, deque el método de eliminación de las mismas sea este. Una dieta variada y equilibrada es el único método que ha demostrado ayudar a la prevención de estas y otras muchas enfermedades. Y si durante cada día mantienes una dieta de estas características, el hecho de que en determinados momentos te entregues a otros placeres culinarios, que se quedan al margen de una dieta equilibrada, no supondrá ningún socabón en tu estado nutricional.

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