EL OMBLIGO DE LA DIETA MEDITERRÁNEA

En la actualidad y desde hace algunas décadas se reconoce la Dieta Mediterránea  como uno de los modelos de alimentación más saludables del mundo. Fue en la década de los 60, cuando Ancel Keys realizó el llamado “Estudio de los 7 países”, en el que revelaba un reducción significativa en la prevalencia de enfermedades coronarias en aquellos países que compartían este estilo de vida, cuyas consecuencias son: una conservación de la salud, una mejora del envejecimiento y un aumento de la esperanza de vida.

El caso es que en este país, no somos especialmente dados a resaltar nuestras bondades, sino más de fustigarnos con nuestros males. Pero si hay algo que nos hace hincharnos el pecho para reconocerlo como nuestro (no hablo del fervor futbolero) es la DIETA MEDITERRÁNEA (DM). España estaba incluida entre esa lista de países cuya salud cardiovascular es significativamente mayor respecto a otros,por compartir unos rasgos dietéticos y de estilo de vida con el resto de países que cuentan/ contaban con la misma suerte.

Nuestra tasa de obesidad es muy superior a la que se podría esperar de un país con Dieta Mediterránea
Nuestra tasa de obesidad es muy superior a la que se podría esperar de un país con Dieta Mediterránea

El caso es que, en la actualidad, y con las tasas de obesidad que manejamos en España (en torno al 13% de obesidad y más del doble para el sobrepeso, y una de las más altas en el mundo en obesidad infantojuvenil) algo debemos de estar haciendo mal, y sólo hay dos opciones: o la Dieta Mediterránea no es tan buena como los estudios de salud mostraron, o nuestra alimentación no se parece a la misma tanto como creíamos. La opción más probable, y verdadera es que no nos parecemos tanto a esta forma de alimentación como nos gustaría, o por lo menos como aparentamos. Una vez asimilada esta conclusión, es hora ya de dejar de mirarnos el ombligo por aquello a lo que creemos representar, siendo realistas y asumiendo que en la actualidad se mantiene la unión Dieta Mediterránea- Dieta Española, más por una cuestión geográfica que por un estilo de vida común a los españoles.

Los puntos que nos separan, son precisamente aquellos que sirven como bandera de la DM. Como si de un pasatiempo se tratara, vamos a descubrir las 7 diferencias entre ambos patrones dietéticos, como apoyo utilizaré los datos de consumo alimentario en España de 2013, presentados en marzo de 2014, del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

  1. Aceite de oliva: la DM pone en este alimento especial hincapié, y en su uso como grasa de adicción, por su alto contenido en vitamina E (importante antioxidante) y su contenido en ácidos grasos monoinstaturados, que lo convierten en un alimento con un importante efecto cardioprotector e implicado en la prevención del cáncer. La realidad es que en la dieta de los españoles se observa un ascenso en el consumo de aceite de girasol en detrimento del aceite de oliva. Se trata de una grasa de peor calidad nutricional. Mientras crecen las exportaciones de nuestro Oro Líquido (como diría Carlos Arguiñano), más nos empeñamos a en confiar en otro tipo de grasas para nuestros platos. A estas grasa hay que sumerle, el perfil lipídico de aquellos productos que compramos que distan mucho de unas grasas de calidad (bollería, conservas, galletas, embutidos…).
  2. Otro de los granes errores es el que hace referencia al consumo de frutas y verduras. En la DM el consumo es alto y variado, lo que supone una fuente de vitaminas, minerales y fibra insustituible, fijando la referencia en 5 raciones de fruta y verdura diarios. Mientras que el consumo español, a pesar de la disponibilidad de alimentos de este tipo que presentan nuestras huertas y campos es notablemente inferior. A pesar de experimentar un ascenso en el consumo del 2,2%, al resultado continúa siendo insuficiente. La Dieta Mediterránea, además, propone la fruta como el postre en las comidas, un aspecto socio- cultural que en los últimos años ha perdido adeptos, otorgándole la diferencia a postres lácteos,o a nada, que reducen a 0, en muchos casos, el consumo que ya era insuficiente.
  3. La Dieta Mediterránea recomienda un consumo diario de cereales y pan, especialmente el de aquellos que son integrales, sin embargo en los últimos años hemos visto un descenso en el consumo en los productos de este tipo (de calidad), mientras crece la creencia de su capacidad para engordar, crece de igual forma el tamaño del armario de los productos refinados de los hogares. Consumimos alimentos suplementados en fibra de forma artificial, y compramos cada vez más harinas refinadas, productos de bollería y galletas, pero seguimos diciendo que “el pan engorda”.
  4. Otra diferencia de las grandes entre ambos patrones es, la moderación en el consumo de carne, especialmente el de carne roja. Supone una importante fuente de proteínas y hierro, unos niveles ya superados con el consumo limitado que propone la DM. En España, y en la mayoría de países occidentalizados, muchos son los que la consumen de forma diaria, (incluso más de una ración). La razón para esta recomendación está en el alto contenido de grasas saturadas y colesterol que contiene, además de la sobrecarga renal que supone este consumo diario tan alto de proteínas, y el desplazamiento que supone de otro tipo de alimentos con más presencia en el modelo Mediterráneo. Hay que tener en cuenta que no hace muchos años el consumo de este grupo de alimentos era prácticamente ocasional, algo que no se acerca ni de lejos a nuestra realidad. En el último año su consumo ha descendido un 0,1%, especialmente el de carne roja, cuyo porcentaje de descenso se lo han repartido otras carnes blancas, pero no es un descenso suficiente.
  5. Al hilo de este punto 4, se encuentra el bajo consumo de pescado que poco tiene que ver con el patrón del que nos enorgullecemos. Además la tendencia es al consumo de productos de pescadería elaborados y a consumir especies que no proceden de nuestras costas. Podemos decir que ha crecido un 0,3%, algo totalmente insuficiente. Confieso que a diario me encuentro con quienes pasan semanas sin probarlo, cuyo consumo puede ascender a 3 veces al mes, muy lejos de las 3-4 veces como mínimo recomendado.
  6. La DM reclama el agua como líquido de bebida, relegando el consumo ocasional de alcohol al vino. Mi opinión sobre las recomendaciones de consumo moderado de vino ya las conté la semana pasada, pero si que es cierto, que poco tienen que ver estas dos bebidas con el consumo diario de refrescos de algunos hogares, de zumos elaborados que tienen muchos niños cada día en su merienda o la creciente ingesta de cerveza y sus milagrosos efectos sobre la salud. La parte buena es que desciende un 3,7% el consumo de bebidas alcohólicas.
  7. La última diferencia es respecto al consumo de productos frescos en general, frente al de productos elaborados. En el último año sólo ha descendido un 0,1%, totalmente insuficiente. Siempre digo que hay que elegir alimentos frente a productos, los alimentos no tienen ingredientes ni composición nutricional, los elaborados están preparados con ingredientes que no usaríamos en casa, preparados para conservarse mucho tiempo, lucir bonitos y lograr un sabor que enganche. Hay que volver a lo natural, somos capaces de reducir nuestra cesta de la compra en alimentos directamente del mar, la huerta, o el campo, y sin ningún reparo compramos galletas, zumos, conservas de pescado, etc suplementados en todo aquello que la alimentación natural nos habría aportado. Allá cada uno con su conciencia, con su cartera y sobretodo con su salud. Además otra de las bondades que proclamaba la DM, era el mantenimiento de un equilibrio con el medio ambiente, algo que en este punto, a todas luces, se nos escapa totalmente de las manos.

Podríamos seguir buscando diferencias, pero como el juego trataba de buscar 7 yo elijo estas. Quedan otras en el tintero, como ¿dónde está el embutido y productos carnicos españoles en la DM? Es un producto más que habitual en las neveras españolas, mientras que su contenido en sal, grasas saturadas y baja calidad proteica, dista mucho de poderse incluir en ninguna recomendación. Ni que decir, que tampoco aparecen dulces o productos de bollería, por muy casera que sea. Otras recetas muy españolas también son el pescaito’ frito o el botellón y sin embargo ni rastro en la DM.

El debate no es si el patrón Mediterráneo es el mejor o no lo es, ni si tiene un fácil mantenimiento en nuestro entorno, el objeto de hoy es hacernos ver que comemos peor de lo que creemos. Nuestra adhesión a este patrón es claramente inferior a lo que consideramos, o a lo que nos gustaría, es algo de lo que presumimos como sociedad que nos hace sacar pecho cuando estamos en el extranjero y vemos lo que comen otras sociedades, pero la realidad es muy diferente. Claramente se ve: abren cadenas de restaurantes de naturaleza muy lejana a nosotros, y son un éxito, nos dedicamos a intentar hacer crecer nuestras exportaciones, mientras nosotros mismos no sabemos apreciar lo que tenemos, o compramos alimentos de fuera teniendo disponible el mismo de producción nacional. Aprovechemos lo bueno que tenemos y reclamemos su identidad, no por una cuestión histórica o geográfica, si no por una cuestión de salud.

2 Replies to “EL OMBLIGO DE LA DIETA MEDITERRÁNEA”

  1. Es un hallazgo encontrar a alguien que realmente sabe lo que están hablando en la red . Queda claro, que sabes cómo llevar un post a la luz y que sea didáctico. Más peña tiene que leer esto.

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