6 COSAS QUE NO DARÉ DE COMER A MIS HIJOS

Hace un tiempo que vengo apuntando alimentos que se les dan a los niños y que me generan un profundo rechazo, y este articulo nace de estos pequeños apuntes que he ido acumulando. Aunque siendo sincera no era algo sobre lo que iba a escribir hoy, pero la polémica acaecida en las últimas semanas con el anuncio publicitario de Meritene me lo ha puesto en bandeja.

Me explico, considero que lo que os voy a contar hoy es un ejercicio de responsabilidad profesional y que desde mi humilde persona y la pequeña plataforma que me ofrece este espacio es importante hacer.

Para quién espere que en el día de hoy voy a hablar de galletas, bollos, comida basura caramelos o chucherías, siento defraudaros. Sobre algunos de esta alimentos ya os hablé este día (enlace), u este otro (enlace)  y al fin y al cabo no creo que sea necesario “prohibir” este tipo de alimentos, ni a mis futuros hijos ni a nadie, sino más bien, educar a la población para que lo conozca, y sea capaz de elegir otros menos procesados y más ricos en nutrientes de calidad, pero alejado de prohibiciones o mensajes de alarma.

Tiene más que ver con aquellos que se diseñan (sí porque ese es el verbo), con el objetivo de sustituir, suplementar o “mejorar la alimentación de los niños”, o también los padres lo usan para suplir alimentos de determinados grupos que los niños rechazan o que no toman en casa. Aquí va una escueta selección de joyas (y os prometo que me muerdo muy mucho la lengua sobre otros tantos):

1. Complementos alimenticios infantiles y demás polvitos para “niños malcomedores”: el puesto de honor, como ya mencionaba al comienzo es para este tipo de productos, un puesto más que merecido en esta semana de revuelo (si queréis entender de que va la fiesta he aquí un enlace del compañero Juan Revenga).

– No hay niño mal comedor: desde pequeños deben de acostumbrarse a los alimentos tal cual , y si no le gusta uno, o dos, o tres…, pues ya le gustarán. Hoy se sabe que comportamientos autoritarios hacia la comida son totalmente contraproducentes y además pueden ayudar a desarrollar aversión y otros males mayores.

Bueno, el caso es que en nuestro medio este tipo de productos, tienen más que ver con la sobre-alimentación que con la posibilidad real de que un niño sufra algún déficit que comprometa su crecimiento. Entonces… ¿qué narices aportan estos productos? Bien pues están compuestos principalmente a partir de azúcares y grasas, algo que probablemente favorezca más bien el crecimiento de tu hij@ a lo ancho y no a lo largo.

2. Leches de crecimiento, mi primer “yogur”, etc. Idem a lo anterior, un aporte extra de grasas y azúcares, a precio de oro, pero que no aportan nada de lo que el niño puede estar necesitado, ni modifica ningún nutriente presente en alimentos normales que el sistema digestivo del niño no pudiera ya digerir.

Muchos niños cenan este tipo de platos porque no les gusta el pescado3. Productos procesados de pescado. Es un clásico que a los niños les cueste comer pescado, si es demasiado tarde y esta situación se ha instalado en tu hogar, que no cunda el pánico. Es prácticamente imposible que entre las infinitas opciones que da el pescado no haya ninguna que le pueda gustar (variedad, preparaciones, momentos del día… vete probando). El caso es que cuando llega este momento, muchos son los padres que le confían la ingesta de pescado a productos elaborados a parir de proteínas de pescado (o algo así pone en el envase).

Voy a ser muy tajante con esto: pretender que un niño coma pescado a partir de gulas, surimi, hamburguesas pre-cocinadas de pescado o barritas de merluza, por ejemplo, es como pretender que coma carne a partir de filetes de chopped. En estos productos cualquier parecido con el pescado real es pura coincidencia y por ello, además de no sustituirlo en su ingesta, le añaden colesterol, sal y grasas poco recomendables (aumentan su palatabilidad) para la alimentación de un niño. Suelen comercializarse además, suplementados en Omega 3, etc., suena ridículo añadirle estos compuestos a unas harinas de pescado, sabiendo que un trozo por ejemplo de salmón supone un aporte mayor y desde luego mucho más natural, con mayor biodisponibilidad, mayor absorción, etc. Luego me encanta (irónicamente) la opción de cocinarlos en el horno, para no añadirle grasas: ja ja ja.

Hay otras formas de comer carne picada 4. Productos procesados de carne: lo mismo de lo mismo, ¿en serio alguien se cree que una salchicha con calcio/ extra de proteínas es lo que necesitan los huesos/ músculos de tus hijos? Desde luego la carne que entra en este tipo de productos dista mucho de aquella que sale del animal. Una de las recomendaciones que hago siempre, es no consumir productos cárnicos procesados. Si lo que quieres es carne picada, pídeselo a tu carnicero, pero aléjate de la bandejas que por más horas que lleven envasadas, conservan un extraño color rojo brillante, logrado a base de conservantes, sulfitos y demás. Por otro lado obviamente habiéndose preparado sin tu elegir la pieza el trozo elegido no es el más cercano al solomillo.

5. Fruta que no es fruta. Si quieres que tu hijo coma fruta, dale FRUTA. Parece muy obvio, pero os sorprenderíais de cuantos padres ante la negativa de sus hijos a este tipo de alimentos recurren a compotas y zumos. Y lo que es peor, usan estos productos para suplementar un almuerzo o merienda, no vaya a ser que a base de fruta natural se queden con hambre. Para darle eso, mejor ahórraselo.

6. Embutido que no es embutido: ¿sueles darle a tus hijos bocadillos jamón cocido con puré de patata? La respuesta es sí. Es una pena que muchos niños tomen como primer producto sólido este tipo de alimentos. Fíjate en la lista de ingredientes y verás que pagas puré de patata, entre otras perlas, a precio de jamón cocido, y cuantas más veces ponga en el envase “extrajugoso” más emulsionantes lleva. Cuida el origen (si es que has decidido que sea un habitual en su alimentación) de estos embutidos cuando los elijas para sus meriendas.

Podría seguir con galletas de desayuno con lista de minerales y vitaminas añadidas más largas que un día sin pan (perdón sin galletas); yogures con más actividad en su interior que el propio niño… Después de todo esto, claro que hay alimentos infinitamente peores para la salud de vuestros hijos, pero al menos, a priori, sabéis que lo son y por tanto cuando lo toma el padre/ madre sabe lo que supone (bueno vale, quizá en un mundo idílico), pero a diferencia de este listado no son lobos con piel de cordero, ni van de perdonavidas, son lo que son y punto. Tampoco hay que prohibirlos, ni siquiera hacerle entender a un niño de 2 años lo malo que es para su colesterol o su absorción de calcio, simplemente con desacostumbrarse a su uso es suficiente.

Os prometo que la naturaleza es sabia y una alimentación sin todos estos elementos cubre sobradamente todas las necesidades de los niños, y si quieres que sea más alto, no le obligues a comer, dale muchos besos y disfruta con él del deporte, y si no es el más listo o  el más alto, al menos le harás el más feliz.

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