7 COSAS QUE PIENSAS ANTES DE IR A UN NUTRICIONISTA

Este artículo va dedicado a ti, que un día viniste a mi consulta con alguna de estas frases, y que con el tiempo has aprendido a alimentarte de una forma que te hace sentir mejor, más cómodo, más activo y más sano. También a los pacientes de mis compañeros, lo que pasa es que yo tengo #mispacienteslosmascampeones, y como ellos no los hay. También a ti que decidiste probar, y cuando viste que esto no era venir, pesarte e irte a casa con una papel con alimentos prohibidos no volviste más allá de otra consulta más.

Con el tiempo, he aprendido que ciertas conductas que repiten, y que hay ciertas cosas que perduran respecto a lo que las personas conocen sobre nutrición. El caso es que además del típico: “si yo ya sé lo que tengo que comer”, “lo que a mi me mata ya sé lo que es” y “llevo toda la vida a dieta”, existen otra serie de retahílas que estoy seguro que mas de uno/a reconocerá y sonreirá pensando que a estas alturas, forma parte de su pleistoceno nutricional particular.

1. “Vengo para aprender a comer…”

Así empezarían las consultas en los mejores sueños de cualquier nutricionista, el problema es que después en muchas ocasiones va acompañado de: “porque está claro que hay mezclas que no hago bien”. Y en ese momento el sueño se convierte en pesadilla.

Tiene su origen en las dietas disociadas, un sistema de adelgazamiento que se basaba en evitar mezclar proteínas e hidratos de carbono, sin ningún rigor ni validez científica, que lograba una pérdida de peso, gracias a una simple cuestión de control de la ingesta. Esto ha hecho que mucha gente piense que no sabe comer por el echo de comer un filete con patatas fritas en un mismo plato, en vez de que no sabe comer porque en ese plato las patatas no deberían de ser fritas, no hay ni rastro de verdura y ese filete cada día no es nada amigo de tu salud. Con lo cual amigo, la única mezcla que no sabías hacer era la de tu cesta de la compra.

2. “No me pongas una tostada con aguacate para desayunar que tiene muchísima grasa, yo tomo siempre galletas …estive”

No me canso de repetir, un alimento no es bueno o malo en función de “lo que engorda o no” (traducción literal cuando se habla de calorías), si no de la calidad de sus nutrientes. Durante años hemos pensado que contar calorías era la forma de perder peso, olvidando la forma de mejorar la salud. Es en esto en los que se basa la “desnutrición de este mito”, es necesario recurrir a alimentos de alta calidad nutricional, al margen de sus calorías.

Un claro ejemplo es el aguacate. Abandonado en muchas ocasiones por su alto aporte energético respecto a otros alimentos de su categoría, y sin embargo la alta calidad de su perfil lipídico lo hacen ideal para un tratamiento de pérdida de grasa. Y lo mismo con frutos secos y legumbres, alimentos más densos energéticamente en comparación con, por ejemplo, una mustia loncha de jamón de pavo, y sin embargo les dan mil vueltas en calidad nutricional. Y así con la mayoría de alimentos con la etiqueta de dietéticos, light, la palabra fibra muy grande (que no integral) o desnatado.

3. “Lo único que no  me gustaría quitarme es la copita de vino y una onza de chocolate después de comer”.

Y así con algún alimento más, que suelen repetirse entre las personas. Cuando una alimento no es demasiado malo en sí mismo, no existiría inconveniente en mantenerlo, por mucho tratamiento de pérdida de peso que se esté llevando a cabo. Y esa es al menos mi manera de pensar. El problema es que con frecuencia este alimento elegido no suele estar dentro de una lista de alimentos TOP para mejorar tu salud. Por tanto, tú estás pensando “me quitará todo menos eso”, mientras yo pienso: “conseguiré que ni si quiera lo eche de menos”. No os voy a engañar, a veces lo consigo y otras no.

4. “El caso es que grasas yo no como”.

Es habitual relacionar el sobrepeso con salsas y guisos, y por eso quien quiere cuidarse cocina todo con poco sabor y de la forma más mustia posible. Suele pasarme que al ver los platos que os propongo, entre los que también hay estofados, incluso platos gratinados (si existen platos saludables con los que poner la función gratinador), por dentro estáis pensado : “y se pensará esta que con esto yo voy a a adelgazar….”

La primera tarea que les doy a los pacientes es lo que se llama registros de 24 horas, que consiste en que el propio paciente vaya apuntando lo que come en el momento. Es entonces cuando se ven reflejadas todas esas pequeñas cosas que van comiendo y que considera despreciables, pero que van sumando, y son capaces de dar al traste hasta con la alimentación más correcta del mundo: que si unos caramelos que me picaba la garganta, que si pico una rodaja de chorizo mientras hago la comida, que si 3 cafés con una cucharada de azúcar, los niños me dejan bolsas de “Gusanitos” a medias y me las acabo terminando, que si hoy desayuno un “Donuts” que se estaban quedando duros y sólo es un día… Total, al final del día, las casillas correspondientes a las comidas son dignas de un melindres comiendo y resulta que haciendo balance llevas picoteando cosas el día entero, y ninguna de ellas demasiado buena.

5. “Quiero que sepas qué hacer deporte es imposible”.

Si supierais los casos que me he encontrado en la consulta. Con su permiso os contaré que he visto como una persona que a pesar de los años, los achaques y el frío de este Burgos, ha cogido la rutina (yo nunca se lo pedí tal cual) de hacer un buen rato de gimnasia en los aparatos del parque, hasta el punto de que sus hijas por Navidad le han regalado una bici para que no siga cogiendo catarros.

Y como ella otros tantos que se han vuelto unos domingueros de chándal incluido, o que  han descubierto que les gusta bailar, correr o que es mejor salir a pasear que estar en casa mirando fijamente “el Armario de los chocolates” (cita textual). Yo sé que vamos como locos y el tiempo libre lo tenemos con cuentagotas pero siempre os insisto por empezar con pequeños gestos, y después ir construyendo rutinas, ¡si hasta la alfombra del salón puede ser todo lo que necesites!, solo necesitas querer. Avanza hacia una vida menos sedentaria y tu cuerpo y estado de ánimo te lo agradecerán.

6.”Entre semana lo llevó fenomenal, es el fin de semana cuando me desbordo.”

Esto ya lo hablamos aquí, os prometo que entiendo que a veces necesitamos desconexión, que tenemos compromisos… ¿Pero en serio puede ser tan grave como para estropear toda una semana de buenas prácticas?

Vayamos al centro de la cuestión: semana= rutina = obligación; fin de semana= relajación= liberación.

Entonces si lo que haces entre semana es una obligación y no disfrutas de ello (aplicable también a la alimentación), y el fin de semana aprovechas a romper con todo ello, entonces lo que haces entre semana no te lo crees ni tú. Cuando viene un paciente con las orejas gachas diciendo que ha tenido un cumpleaños, mi respuesta es: “¿y qué tal te lo has pasado?”. El problema es cuando al llegar el viernes tarde nos liberamos de la corbata y cambiamos nuestros alimentos, nuestras bebidas y hacemos todo lo contrario a lo que hacíamos el resto de días de la semana. 

7. “No, si yo no como mucho”

Suele venir de manos de quien se compara con otra persona con la que convive que suele comer como una lima y que para desgracia de mi paciente luce delgado. Esto puede ser por varias cosas, tenéis metabolismos distintos, con necesidades distintas, con actividad física distinta… Además el problema nuevamente no suele estar sólo lo que hay en tu plato al mediodía o en la cena, si no en esas cosas que no valoras pero que también cuentan.

A muchos les pasa que están acostumbrados a sentirse llenos después de comer, y eso además de ser algo profundamente incomodo, incrementa el riesgo de sobrepeso. Ten en cuenta que cada día estás comiendo un poquito de más, al final de un año son 2 kilos más, pasados unos años empiezas a hacer cuentas de lo que pensabas cuando te casaste… ¿Cuándo te levantas de la cama lo haces con “el sueño gastado”? No verdad, te levantas porque debes de hacerlo, pues con el comer igual, no necesitas sentir esa sensación de estar a punto de explotar, es normal que al levantarte te quede algo de hambre.

Espero que este resumen os haya sacado una sonrisa recordando aquello que hace un tiempo considerabas casi un dogma de fe y que ahora te hace hasta gracia. Es probable que la mayoría de los puntos los creyeras a pies juntillas y además es de valorar que seguro que nacieron de la buena voluntad de hacer las cosas bien, eso sólo quiere decir que nos queda muchos MITOS POR DESNUTRIR.

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