EL AZÚCAR ESTÁ AUMENTANDO EL RIESGO CARDIOVASCULAR EN NIÑOS

La Asociación Americana del Corazón (AHA) se ha pronunciado por primera vez sobre la ingesta de azúcar en niños y el incremento de riesgo cardiovascular en los mismos. Por lo que ha establecido como ingesta máxima (aceptable) para niños de 2 a 18 años en 25 gramos (6 cucharaditas), siendo 0 para el caso de menores de 2 años.

“Yo no suelo comer esas cosas, pero las tengo en casa por los niños”. ¿”Y si no le doy esas cosas al niño que le doy?” Frases de este tipo son muy habituales entre padres con dudas, podemos repartir culpas entre la industria, el cambio en la sociedad, el personal sanitario, la falta de intervención gubernamental… pero el caso es que suceden.

Vayamos por partes.

Lo primero, cuando hablamos de azúcares, no me refiero a no mojar el chupete del niño en azúcar, o no añadirlo a su ya azucarado colacao, sino de la alta ingesta de azúcares que procede del consumo de productos procesados con altísimo contenido en azúcar añadido, aquí entran: galletas/ bollos (son lo mismo en diferente formato), zumos comerciales/ refrescos (idem), pan tostado, de molde o similar, cereales llamados de desayuno, salsas, yogures de sabores y postres lácteos, chucherías y chocolates por supuesto, etc. Antes de seguir leyendo deberías hacer la siguiente práctica:

  1. Escoge los alimentos de este tipo que tus hijos seleccionan al día
  2. Coge papel y boli (se admite calculadora)
  3. Buscar cantidad de azúcar en la tabla de información nutricional
  4. Calcula para la ración que han tomado o suelen tomar
  5. Suma el total, si está por encima de 25 gramos, sigue leyendo.

AZÚCAR EN MENORES DE 2 AÑOS

La ingesta energética de un niño tan pequeño es menor que la de niños más mayores, (lo suficientemente alta para cubrir los requerimientos del ritmo de crecimiento). Por tanto, ante una ingesta menor, a priori, no podemos cubrirla (ni siquiera en parte) con alimentos superfluos que no cubren la demanda de vitaminas y minerales, pero sí copan su demanda energética.

Además, al igual que sucede con la sal, no se recomienda dar a los niños alimentos con azúcar, para, entre otras cosas, evitar que se acostumbren a un sabor artificial en los alimentos, de modo que ante la elección de frutas o verduras las puedan rechazar por resultarles más insípidas que los alimentos dulces o salados. Es como si ellos partieran de un paladar virgen que los adultos nos encargamos de contaminar y llevarnos a nuestro terreno, haciendo que el niño coma la comida con sal, y alimentos con azúcar añadido.

Por tanto desplazan a otros alimentos más saludables y favorecen el rechazo de alimentos más saludables.

Aquí ayudaría bastante que cereales, potitos y otros supuestos alimementos destinados a bebés no añadieran azúcar a sus composiciones.

AZÚCAR EN MAYORES DE 2 AÑOS

Llegados los 2 años, presumiblemente el niño ya come prácticamente como un adulto, para lo bueno, pero sobretodo, por desgracia para lo malo.

Un inciso ¿os habéis dado cuenta de lo bien alimentados que estaríamos los adultos si comiéramos toda la fruta y verdura que come un niño pequeño? ¿Por qué se va quedando por el camino?… 

El caso es, que según la AHA, que no lo digo yo, sino ellos, fruto de revisiones científicas, han comprobado que existe relación entre el consumo de azúcar en niños y el aumento de peso, provocando entre otras cosas, un incremento de la presión arterial, como factor de riesgo de enfermedad cardiovascular.

A este respecto, he leído incluso, la lapidaria frase de: la primera generación de niños que vivirán menos que sus padres. A mi esta frase me recordó a los primeros tiempos de la crisis económica, en los que se decía que eran los primeros hijos que iban a vivir peor que sus padres (en términos económicos), algo va mal. Pues sí es una tristeza, millones de recursos invertidos en el incremento de la esperanza y la calidad de vida, y sin embargo, comemos, ponte que unas 3 veces al día, es decir unas 1100 veces aproximadamente en el año y no lo estamos haciendo bien, y lo peor es que no se lo estamos mostrando bien a los niños.

Así que, si tienes en casa algo que no tú no comes por el miedo que te causa engordar, o porque tus niveles de colesterol son elevados ¿porqué se lo ofreces al niño? A caso, ¿si tú rechazaras comerte un melocotón lleno de moho porque sabes que no te haría bien, se lo ofrecerías a tu hijo, que es todavía más vulnerable que tú?

Sin embargo, este verano hemos sido partícipes del revuelo que causa que haya padres que den a sus hijos dietas vegetarianas. ¿Por qué nos preocupa que un niño no coma carne, pero no veo por ningún lado noticias sensacionalistas sobre niños que pasan días sin probar una pieza de fruta? Parece que nos unimos para odiar (ahora se llama heaters) a lo que es diferente, por rechazo cultural, por aversión o lo que es peor, por desinformación voluntaria, pero bueno voy a dejarlo que me lío. Sobre este tema, vegetarianos y niños, ya hablamos otro día.

Hay una frase que repito siempre que doy una charla o conferencia, “nunca antes se había hablado tanto de nutrición, y nunca antes se había hecho tan mal”. Parece que tanta divulgación, tanto interés por el peso y tanta desinformación, no nos está trayendo más que problemas porque está claro que algo estamos haciendo mal.

La semana que viene no habrá artículo, estaré por Granada en el Congreso Internacional de Nutricionistas, espero traer muchas nuevas ideas y conocimientos nuevos para contaros por aquí, sed buenos.

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