EL ACEITE DE PALMA “A RITMO DE POP”

De polémica en polémica y tiro porque me toca. Los que ya lleváis unos cuantos “mitos desnutridos” leídos, sabéis que soy poco amiga de las polémicas y las alarmas, más bien de las decisiones racionales y de los puntos sobre las ´”ies”.

Si hace unas semanas hablábamos del azúcar, hoy le toca al aceite de palma, de cómo algo que llevaba años en las despensas de algunas casas, ahora es noticia nacional. 

LA EVOLUCIÓN DE NUESTRO CONCEPTO DE LAS GRASAS:

Nos remontamos a los tiempos en los que cualquier sinónimo de grasa era pecado nutricional. Con los años se introdujo aquello de las grasas buenas y las malas, y entonces todo el mundo se pasó a los desnatados y embutidos bajos en grasa. Y ahora os contamos que las hay malas, muy malas, y las hay no tan malas (con su papel importante y todo).

Para distinguir entre ellas en el año 2014, el Reglamento Europeo 1169/2011 sobre la Información alimentaria facilitada al consumidor, reguló el ambiguo término de aceite vegetal. En este saco, anteriormente lo mismo cabía el aceite de oliva, que el de soja, girasol o palma. El productor que se gastaba los cuartos en añadir aceite de oliva o girasol, no se conformaba con poner aceite vegetal, algo de lo que no podían presumir aquellos que no trataban de mentir, sino de ocultar la verdad…

Estamos en 2017 y lejos de mejorar, cada día está más presente en nuestras despensas. Con ello comienza la revolución, os recomiendo este video de Juan Llorca, que se ha hecho viral. Seguro que más de uno se ha echado las manos a la cabeza al reconocer aquello le pirria, o lo que le da de merendar a sus hijos, entre las listas de “alimentos con aceite de palma”.

PERO… ¿PORQUÉ ES TAN MALO EL ACEITE DE PALMA?

Yo selecciono 4 principales razones (no ordenadas por relevancia):

  • El perfil lipídico, o lo que es lo mismo, la calidad de sus grasas, en este caso de las malas, malas (ácido palmítico alfa). Implican un incremento de riesgo de enfermedades metabólicas, es decir, incrementan los valores de LDL (colesterol malo).
  • La EFSA emitió un informe, en el que advertía de la posibilidad de que al someter a estas grasas a altas temperaturas, (como parte del procedimiento industrial), se forman unos compuestos de potencial carácter carcinogénico.
  • El fuerte impacto medioambiental que tiene su extracción sobre las zonas en las que se produce, dañando seriamente el ecosistema. Sumado al hecho del impacto que genera la propia distribución, desde zonas de Asia o América del Sur, hasta las industrias de transformación situadas a la otra parte del mundo. Con tanto olivo y tanto girasol que tenemos en España, lo caro que le sale al planeta que nuestras empresas fabriquen sus rosquillas con estas lejanas grasas…
  • Por última razón, y para mi la más clara: no existe en productos que sean imprescindibles, y sobretodo, nutricionalmente correctos. Cualquiera de los alimentos que puedan albergar este tipo de grasa, no tienen nada bueno (aceite de palma o cualquiera de sus colegas). Básicamente porque seguramente aparecerá azúcar en cantidades ingentes, otras muchas grasas… y finalmente un producto ultraprocesado de bajísima calidad nutricional.

¿CÓMO IDENTIFICAR ACEITE DE PALMA?

Si la industria lo usa es por dos razones: el bajo precio que pagan por ello las empresas de alimentación y cosmética. Y además, la alta palatabilidad de ofrece; eso quiere decir que es una grasa sólida a temperatura ambiente, de tal manera que permite incluirlo en los alimentos manteniendo una textura sedosa.

Los productores, conocedores de la incertidumbre que tal ingrediente genera, han optado por cambiar el nombre en el listado de ingredientes, en vez de buscar opciones más saludables, ¿así que, qué podemos esperar de estos productos?.

Estos nombres que lo esconden son: aceite de palmiste, estearina de palma, manteca de palma, grasa vegetal fraccionada, grasa hidrogenada de palmiste… La otra opción es introducirlo a partir de cualquiera de los ingredientes que han sido elaborados con ella: glicerina, glicerol, palmitoyl…

De esta manera, ocupa una porción importante de los productos más obvios, tales como: galletas, bollería, chocolatinas, helados, palomitas, snacks, salsas, cereales de desayuno, margarinas… Hasta aliños o aceite de frituras de grandes cadenas, ingrediente imprescindible de alimentos precocinados y alimentos infantiles (enlace), así como cosméticos, o productos de droguería de uso cotidiano.

Retomando la idea inicial, ahora sabemos identificarlo en el etiquetado (recuerda que no es tan importante la parte del etiquetado nutricional, como el listado de ingredientes), ya sabéis lo que os voy a decir ¿no? EL MEJOR ALIMENTO ES EL QUE NO LLEVA ETIQUETA, no existe fruta, verdura, fruto seco, pescado, legumbre, carne… que lo contenga de forma natural.

Os dejo como resumen de este artículo mi primera infografía, la que da nombre a este post, espero que os guste.

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