¿YO AZÚCAR? SI EL CAFÉ LO TOMO SOLO

Una vez asumimos como sociedad que el tabaco mata, pasamos al siguiente escalón en esto de ingredientes cuasi- letales, fue entonces cuando las grasas saturadas pasaron a ser el enemigo público número uno. Ahora que todo el mundo conoce que hay un tipo de grasas más perjudiciales para la salud que otras, es hora de desenmascarar al azúcar, o mejor dicho, los productos azucarados.

Confieso ser poco amiga de las alarmas sociales, pero en este caso haré una excepción, es imprescindible que conozcamos la cantidad real de azúcar que consumimos día a día y poder obrar en consecuencia.

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HAGO DOS COMIDAS: LA DEL NIÑO Y LA NUESTRA

Por fin me paseo por estos lares con un tema de nutrición infantil, confieso que es mi área de la nutrición y la dietética favorita, la razón la desconozco, porque si hay un colectivo que se pasea poco por las consultas de dietistas-nutricionistas es el de los niños.

Como es lo propio para unos padres, su prioridad son sus retoños, y es por ello que no dudan en acudir al médico cuando están enfermos, al dentista si tienen un diente torcido o a un logopeda si no saben pronunciar la “R”. Lo que ya no es tan común es llevarles a un nutricionista cuando el niño no come bien (en unos párrafos hablamos de lo que es comer bien), como mucho acuden al médico para que le infunda con su carrera de medicina las ganas de comer. En post anteriores ya he dicho, que cuando se observa en niño cualquier problema de salud o anomalía en su crecimiento es el médico quien ha de revisarlo, pero una vez descartada cualquier enfermedad, en cuestiones de alimentación y nutrición el profesional correspondiente es el dietista- nutricionista.

…Bueno a lo que vamos que me lío.

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LAS DIETAS, LOS RESTAURANTES Y EL FIN DE SEMANA

Cuando empecé mi labor profesional como dietista- nutricionista me llamaba la atención que paciente tras paciente, prácticamente en su totalidad, me pedían clemencia para el fin de semana. Indistintamente cual sea su edad, poder adquisitivo, horario, costumbres… da igual, casi todos cambiamos el patrón dietético para los últimos días de la semana, ya sea comiendo fuera, reunidos con la familia o pasando la mañana del domingo optando a una estrella Michelín.

Este fenómeno social, es fácil pensar, que se origina en el poco tiempo libre que nos deja el ajetreo diario, por lo que reservamos el fin de semana para soltarnos el cinturón (en todos los sentidos de la expresión). Ayuda también el hecho de que vivimos en un país con una riqueza gastronómica inmensa y con una elevado número de locales de restauración, además de la sana maravillosa costumbre de celebrarlo todo comiendo y bebiendo. A esto se le suma, ese carácter tan nuestro, del: “si lo pago, me lo como”, o “si lo he pagado, espero que me den cantidad”.

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